Volver
20 años de ausencia. El alma se le encogía con cada kilómetro recorrido, desandando el camino que un día emprendió en su huída. ¿Debía volver? ¿Alguien le esperaba?
Le quedaban unos 6 litros de gasolina en la moto . Calculó que le llegaba hasta la estación de servicio que había a la entrada del pueblo.
Estaba nervioso, hacía casi veinte años que no aparecía por allí. Tenía las manos entumecidas por la tensión del regreso.
La muerte de su madre lo apartó de todo lo que le recordaba a ella y decidió poner kilómetros de distancia por medio.
París, Tokio, Filipinas… cualquier lugar del mundo era mejor que el pueblo.
Durante años rodó de un lugar a otro sin anclarse a ninguno. Iba de punta a punta del mundo siguiendo ofertas de trabajo variopintas, dependiendo de su estado de ánimo.
Se podía decir que era experto en muchas cosas, pero en nada concreto. Podía instalarte un enchufe, al tiempo que te daba clases de chino o cocinar sushi mientras te cantaba una ranchera.
Ahora que poco a poco iba acercandose a su tierra, empezaba a recordar los momentos felices que había pasado allí.
El paisaje familiar, las encinas y los castaños, salpicados por algún que otro granado que se entrometía entre ellos, le decían en silencio que se acercaba a casa. La Sierra nevada al fondo hacía la foto aún más espectacular y parecía retardar la oscuridad, que se empeñaba poco a poco en ganarle la partida al sol.
La carretera cada vez era más angosta, ya casi lo habia olvidado. La última vez que la había recorrido, en sentido contrario, los pensamientos no lo dejaban concentrarse en el trayecto. La sensación de soledad, la tristeza y el abandono que sentía en aquel momento, no dejaban espacio a su mente para nada más.
Sintió como el frio empezaba a calarse, a pesar de que llevaba puesto un buen mono de invierno y pensó que tal vez sería una buena idea tomarse algo caliente en el área de servicio. No le quedaba mucha distancia para llegar, podía ver como se encendían las luces de la gasolinera a lo lejos, mientras el sol iba cayendo.
Se adentró en el área. Varios coches repostaban. Una mujer discutía con los niños de camino al baño, mientras estos iban pidiendo chucherías. Le hizo gracia verse reflejado en ellos, unos años atrás. Nunca había sido un niño de pataletas, pero si un tanto caprichoso, sobre todo cuando se trataba de golosinas.
Paró en el surtidor y marcó en el contador “lleno”. Mientras cargaba el depósito observó el paisaje a su alrededor y pensó en lo mucho que lo había echado de menos.
Entró al bar y pidió un café con leche bien caliente. El camarero no tardó mucho en llevárselo y le advirtió que tuviese cuidado, pues le parecía que estaba ardiendo.
Mientras esperaba a que se enfriase, revisó los mensajes de whatsapp. El teléfono echaba humo. Todo el mundo estaba impaciente por volver a verlo y se emocionó imaginando el reencuentro que estaba a punto de producirse.
Dedico este relato a todos aquellos que por causas indefinidas en alguna ocasión, se han visto obligados a emigrar a otro lugar, ya sea de forma voluntaria u obligatoria.
¡Ah! y no olvides comentar, me interesa saber tu opinión.



me encanta, precioso
ay no Susana por que me haces esto 😭