El maletín
Un hombre oscuro y aparentemente impasible, lleva consigo un misterioso maletín, que vigila y protege mientras espera tranquilamente en un bar.
Un hombre de rostro enjuto y ojos negros y penetrantes se acomoda la corbata frente al espejo.
A sus pies, un maletín de piel negra espera pacientemente, deseando que lo aparten del suelo de aquel baño.
Se observa el perfil y comprueba que su afeitado es perfecto.
Levanta el maletín y sale del lavabo de caballeros.
En una mesa cercana, coloca la maleta bajo una silla de color indefinido y se asegura que bajo su asiento está a buen recaudo.
Un camarero entrado en años le acerca una pequeña taza al tiempo que le dice:
—Caballero, aquí tiene su cafelito.
El hombre lo mira y hace un gesto de cabeza, apenas se intuye una leve sonrisa de agradecimiento, en aquel rostro pétreo.
Mientras saborea su expreso, sus ojos no pierden de vista el exterior del bar. No hay mucho movimiento, son cerca de las diez de la mañana. Algún coche atraviesa la calle y ve a peatones solitarios deambular.
Su mirada se fija en los escaparates de una tienda cercana. Y una mujer que ha subido la persiana hace escasos minutos.
Con parsimonia consulta su reloj de bolsillo —Es casi la hora— se dice a sí mismo.
Alza el brazo y hace un gesto al camarero pidiendo la cuenta. Se levanta, coge su maletín negro y sin mediar palabra, deja en la barra del bar unas monedas para el camarero.
Silenciosamente sale del bar y mira a un lado y a otro de la calle, no hay ni un alma.
Espera a que un solitario vehículo pase y con paso ágil atraviesa la calle por el centro, en dirección a la tienda que vigilaba desde el café.
En la acera, frente al escaparate, observa el interior. Las luces están encendidas, parece que hay movimiento. A lo lejos oye las voces de un transistor encendido, y empiezan a sonar las señales horarias. Son las 10 en punto.
Con la calma que le caracteriza, abre la puerta del establecimiento y entra silenciosamente y coloca su maletín sobre el mostrador.
La dependienta que había visto desde el café debe estar en la trastienda.
Libera los dos seguros del maletín, que se abren con un sonoro “clac”, mientras está abriendo la tapa aparece la mujer, es rubia y de amplia sonrisa.
El maletín ya está abierto y hombre levanta una tapa negra que oculta su interior.
—¡Buenos días! —dice jovial la mujer.
—Buenos días, Rosa. Hoy te traigo unos modelitos de ropa interior que te van a dejar pasmada—dice el hombre del maletín con el rostro iluminado con una gran sonrisa.
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Cuánto suspense jajjja